Wall Street

Lo dejo. Mi paciencia ha llegado a un límite y me niego a seguir tragando con el servilismo cuando el papel que debería realizar es el de amo. Cierro la cuenta y que le den a mi entidad financiera. ¡Qué narices! Caja Madrid, que se entere todo el mundo (o al menos esa ínfima parte que se pasa por aquí).

Ayer fue a la sucursal más cercana de mi casa aquí en Madrid a sacar dinero de mi cuenta ya que me había dejado la tarjeta en casa. Esa oficina, la de la plaza de Juan Bautista de Toledo, es la materialización de la Teoría del caos pero la cercanía prevalece sobre la calidad del servicio y me aventuré a entrar. Primer inconveniente. Un cola que conformaban siete personas siendo yo el último de las mismas y en la que tuve que estar durante unos cuantos minutos. Cuando alcanzo la ventanilla, aunque mejor decir mostrador, ya que se han eleminado las barreras físicas entre los empleados y los clientes para dar, entiendo, una sensación de cercanía, le indico a la empleada que deseo sacar cincuenta euros de mi cuenta y le entrego el DNI. Ella me mira y me pregunta si no llevo conmigo la tarjeta de crédito. A pesar de mis deseos de responderle, que sí, que la llevo en el bolsillo, pero que soy tan gilipollas que prefiero chuparme un cola porque ella sea lenta o esté incapacitada psicológicamente para desempeñar una labor que podría realizar un mono, a pesar de que increiblemenet los cuatro cajeros de los que dispone funcionen en su totalidad, le respondo literalmente que obviamente no. Molesta por mi comentario, llama a mi sucursal, aquella en la que cometí el error de abrir una cuenta y que está domiciliada en Vitoria, para comprobar que puedo sacar dinero. Ahí empieza la primera de mis preguntas: ¿cómo comprueba mi entidad de origen que el individuo que se ha personado en la oficina de Madrid es el titular de la cuenta? ¿No lo tiene más fácil la oficina madrileña que tiene el DNI físicamente? Pues no, el motivo no es ese. Lo que cuestiona la entidad de Madrid es mi derecho a poder a sacar mi dinero en esa sucursal, hecho que no entiendo ya que todas pertencen a la misma red.

Después de confirmar con la entidad originaria, de fotocopiar mi DNI, y de obligarme a rellenar el resguardo del banco (próximamente incluso nosotros tendremos que teclear las órdenes en el ordenador), la empleada me dice que es la última que se me va a permitir sacar dinero sin presentar la libreta o la tarjeta (aunque ilógico, bastante probable lo segundo, por la cantidad de problemas que tiene la red de cajeros de Caja Madrid) por indicaciones de la oficina de Gasteiz a lo que le respondí que sin problema. Cerraré la cuenta y a otra entidad financiera, previa bronca que pienso disfrutar, aunque todavía no sé en cuál de las oficinas, y corte de mangas como despedida.

Así que el motivo del divorcio no son los ronquidos, ni la ausencia de colaboración en las tareas del hogar, ni tan siquiera la infidelidad (a pesar de que sustracción de biene ha sido la tónica de la convivencia), si no el hecho de que no presento la salvaguarda de conciencias geriátricas, comunmente denominada libreta. Ese vestigio de eras antiguas, de las que probablemente existan con anotaciones hechas a través pinturas rupestres o esculpidas. Ese librillo incómodo, según Caja Madrid, hay que presentarlo para poder recuperar el dinero de uno, a pesar de que sea el DNI lo que de verdad va a confirma tu identidad y no ese cartón barato. La lógica al poder.

 

4 Comments:

  1. Anónimo said...
    Están medio gilipollas en CajaMadrid, ¿no?
    Pq vamos yo he sacado unas cuantas veces dinero utilizando únicamente el DNI y nunca me han puesto problemas de este estilo.
    Pues nada... te animo a cancelar la cuenta. Hubiese molado que lo hagas en el acto. Y grabar la reacción de la tía esa...
    Anónimo said...
    CASO VERIDICO 1:

    Oviedo,

    encuentro un papel por mi habitación en el que figura que tengo 20 euros en una cuenta olvidada de CajAstur.

    Me paso por la misma sin libreta, caso idéntico al de Iker, a retirar MI dinero. Al no disponer de soporte físico no me dejan sacarlo, por lo que digo que me hagan en el acto un duplicado de la misma para "seguir ahorrando" poco a poco. Sonriente la "zorra incompetente" de la caja sonrie y me da el duplicado.
    Hazto seguido cierro la cuenta con mi flamante nueva cartilla.

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    CASO VERIDICO 2:

    Oviedo,
    sucursal de BBVA.
    Gracias a las aportaciones familiares tengo 12,000 euros en mi cuenta que me dispongo a retirar para con mis 18 añitos comprarme un Opel Corsa ECO de 55 cv.
    Al llegar a la ventanilla un tarugo fracasado me dice a voz en grito que PARA QUE LOS QUIERO ??????!!!!!!!!
    A lo que yo contesto en un tono más elevado aún que me dispongo a hacer un "tour" por todos los prostíbulos situados entre La Coruña y Cádiz y que el dispendio será enorme.
    Colorado cual gamba de Huelva me pide por favor que me calle, cuando comienzo a detallarle los pormenores de mi elevado gasto futuro en términos como "es que a mi me gusta lo exótico ya sabes, por ejemplo..."
    Me da MI pasta y cierro la cuenta.

    No comments.
    Anónimo said...
    Coño, me has hecho recordar que tengo 12 euros metidos en una cuenta que abrí en el banco santander pq regalaban un radiocaset y conexión a internet... hace 7-8 años.
    Y no tengo libreta. XDDD.
    Van a flipar...
    Anónimo said...
    Yo cuando abrí la cuenta en Caja Madrid para mis estancias allí acabé hasta las narices. No entiendo que dificultad tiene sacar, meter, mover o remover el dinero de una sucursal a otra.
    No se te ocurra abrir en BBVA: Son lerdos hasta decir basta y te cobran por respirar. Un horror. Creo que debo dedicar alguna socratira a este fenomeno social.

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