Election

Quizás influido por el ambiente preelectoral, o puede que traicionado por el subconsciente que urge por aflorar mi lado más oscuro, es decir, el político que hay en mi interior, lo cierto es que el arte, en la actualidad, pervertido de la oratoria, la negociación, la manipulación, la práctica de los tratos, acuerdos, coacciones que confluyen en la política ha adquirido una relatividad, como mínimo, sorprendente.

Si ya en los diarios las elecciones municipales, provinciales y en algunos casos, autonómicas ocupan páginas como si de un cuadernillo de verano se tratara, mi ocio también se ha visto contaminado por las banderas, el atril y el discurso. Hace un par de semanas comencé con Todos los hombres del presidente, la película de Alan J. Pakula sobre la investigación que Wooodward y Berstein, periodistas del Washington Post, realizaron sobre el caso Wastergate, que llevó a la dimisión del presidente Richard Nixon.
Sin que eso fuera suficiente y, al parecer, harto de deseos de enfangarme en la oscuras aguas de los congresos y senados, empecé a ver la primera temporada de la serie El ala oeste, cuyo estreno trataba de retrasar lo máximo posible para que el deleite fuese mayor.

El fin de semana no puede evitar dejarme llevar por la corriente de los datos, sondeos, cifras, probabilidades y estimaciones y seguí con Amén, del incansable Costa-Gavras, película sobre la extraña relación entre la Alemania Nazi y el Vaticano a finales de la II Guerra Mundial, el juego más político que religioso entre las potencias militar e ideológica. El domingo, mientras los medios inundaban sus espacios con los resultados de las elecciones virtuales, la Real ganaba al Celta 3-1 y la posibilidad de una conspiración vasco-navarra que favoreciera a los easonenses desató un debate a medio camino entre la política y el deporte, algo así como corrupto al cuadrado

Ayer George Clooney me hizo recordar la fatídica historia del senador Joseph McCarthy, que en el periodo de 1947-1957, persiguió todas aquellas tendencias y creencias políticas consideradas antiamericanas, esencialmente vinculadas al comunismo o un socialismo algo más radical. Su película Buenas noches y buena suerte, sobre la batalla mediática de Edward Munrow, director de informativos de la CBS, y el senador McCarthy, resulta un descorazonador reflejo de la perversión del poder, de la desconfianza y el temor a lo distinto y ajeno y la necesidad de recuperar los valores morales de los medios, evitando sobreponderar en exceso su carácter lúdico, obviamente necesario, sobre su valía como instrumento de comunicación objetivo e instructivo

Estas semanas pre-urnas no han hecho si no reafirmar mis postura. La política es un mal necesario, pero que su naturaleza endogámica no hace si no degenerar la especie ejecutiva y legislativa hasta tal punto que se hace necesario un reciclaje, ya sea a través del cambio generacional o de la redefinición del sistema. Mientras tanto, el domingo algunas personas se acercarán a las urnas a ejercer su derecho al voto -algunas lo habrán hecho ya por correo- y otras no lo harán, ya sea por la ausencia de derecho al sufragio, pereza, desinterés o ignorancia o quizás por su falta de confianza en el sistema y sus partícipes. Es la elección de cada uno. Es su derecho.

 

1 Comment:

  1. Leire said...
    Acepto que haya falta de confianza en el sistema, pero creo que de momento es el que hay.

    En mi caso mientras pueda tener opción de hablar, lo haré. Quizás algún día cambien las cosas...

Post a Comment