Deprisa, deprisa

El mundo está constante evolución. Translación, rotación, consumición... por mucho que los parientes carnales de alguno nieguen a base de sofismo nuestra imparable realidad. Nosotros, habitantes del planeta y por tanto, seres nacidos del mismo, partes del uno, el mundo en esencia, somos reflejo como los hijos de los padres. Siempre en constante movimiento, un estado de urgencia perpetua, de celeridad sistólica, con el alma en centrifugado. Al fin y al cabo, somos uno de los ejemplos de la evolución (independientemente de que seamos creacionista o evolucionistas).

La aceleración de nuestro movimiento nos ha llevado a necesitar las cosas con la misma urgencia. La comida, el transporte, el ocio y sobre todo, la información. En la era de la integración de los medios de comunicación, de la evolución de las tecnologías, el hombre ha tratado de dosificar las dosis de información, concentrarlas, a pesar de reducción de su calidad (no hay mejor ejemplo que el mp3). Pequeñas píldoras que nos permitan conocer nuestro entorno, delegando en los medios los criterios de selección de la relevancia de la información. 20 minutos, Metro, ADN, Qué son medios de comunicación que han consolidado un formato de información rápida y sencilla de digerir, sacrificando el valor instructivo de los canales de información, esencialmente del que forma la prensa escrita. Gratuito y extensión limitada, han ocupado un nicho de las necesidades de la gente: el acceso a la información de manera rápida, gratuita y sobre todo, solidaria.

El problema surge cuando las características intrínsecas de un medio de información de naturaleza complementaria, nunca única, se extrapolan como un sistema o modelo de información asumible por otro medio de una tipología opuesta o de condiciones propias distintas. Telediarios y otros diarios de mayor extensión han asumido un modo de transmitir la información demasiado similar a la de estos diarios, generando un acomodamiento del receptor a digerir sencillamente la información, sin tratar de entender la razón de los efectos o el origen de los motivos.

Bajo ese paraguas ha nacido Público, el nuevo diario, con orientación de izquierdas y como contrapunto de El País. Amplias ilustraciones, lenguaje coloquial, editoriales livianas, ausencia de reportaje extensos, dominio del lenguaje esquemático y orden de la información por relevancia, en primer lugar, y después por tipología. Es obvio que no me ha gustado, pero no exactamente por su contenido o por su estructura, si no por la peligrosidad de un contagio del virus de la información de consumo rápido.

Mientras El País trata de reinventarse, poniendo acento en ser un periódico global en español, abandonando su calificación de diario independiente de la mañana, las televisiones nos invitan a comer mezclando el conflicto entre Turquía y el kurdistán iraquí con los problemas que genera un tipo de clima concreto en nuestro armario y vestuario. La información, independientemente de la orientación de su vocero, no se debe tratar de vender. O gusta o no.

 

1 Comment:

  1. Anónimo said...
    Compré dos días el Público para ver que tal era y a mi tampoco me ha gustado.
    Al igual que no me ha gustado lo de periódico global en ESPAÑOL. No sé a que viene francamente. Vale que de independientes tampoco tenían mucho pero bueno, me gustaba más aquello.
    En cualquier caso, sólo he medio ojeado un día El País ahora que lleva acento. Espero que sigan la misma linea que tenían hasta ahora (bueno, el ep3 lo pueden modificar...)

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