Una mente maravillosa
jueves, 28 de enero de 2010
Un libro es de tus favoritos si se lo recomiendas a todo aquel que no lo haya leído, prácticamente amenazándole con retirarle la palabra si no subsana ese mayúsculo error. Eso sucede con El guardián entre el centeno. Hoy es un día triste. Su autor, Jerome David Salinger ha fallecido. No hay suficientes honores para el artesano de esa guía de superviviencia y entendimiento de la adolescencia que supone su obra magna. En mi caso, el único tributo que puedo ofrecer es elevar en tres más el número de libros de mi apuesta: Franny y Zooey, Nueve cuentos y Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: Una introducción.
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El lápiz del carpintero
miércoles, 30 de julio de 2008
Ugarte es un columnista atípico. Si bien la ironía es un arma que comparte con otros narradores, pocos virtuosos de la palabra como él se asoman a las páginas impresas de los diarios. Ugarte combina la reflexión con el placer de la lectura. Conduce al lector a través de una luminosa travesía literaria, rica en forma y contenido, sin el tedioso lastre de la inmensidad y la egolatría. Ugarte trata de gustar contando siendo quien es. Inconmensurable sinceridad.
Para muestra un botón, dado que después de ensalzar las cualidades del protagonista, sería más que censurable no permitir evaluar mis gustos literarios.
Mal ejemplo (Publicado el 12 de julio de 2008 en El País)
Vueltas y más vueltas le estoy dando a la afirmación de Arzalluz de que Josu Jon Imaz es mal ejemplo para la juventud vasca; vueltas que le doy y no acabo de ver ninguna luz al fondo. Hace tiempo que las declaraciones de ese hombre no sólo son incomprensibles sino que, a medida que pasan los otoños y se debilita el roble, comprobamos que segrega resina más oscura, y que su verbo adopta el color de la moribunda hojarasca. Las palabras de Arzalluz asoman otoñales y torcidas. Realmente nadie toma en serio al personaje. Cuando la glosa de un hombre público pasa del analista político al comentarista literario es que su estatura ha achicado hasta amoldarse a la hechura de los frikis. Eso lo dice todo: de Arzalluz no hablan los analistas, hablamos los literatos. Ya no es una ocasión para el pensamiento sino una excusa para la retórica. Vaya final. Es de temer que Arzalluz termine por extraviar definitivamente los papeles y que sus reflexiones, cada vez más sorprendentes, acaben despeñándose por las llambrias del dadaísmo. Y entonces hasta los comentaristas literarios tendremos que callar, llevados por la misericordia, por un pudoroso sentimiento de piedad.
Arzalluz siempre quiso mal a Imaz, y mira que el chico se afilió al partido con quince años y ha sido leal incluso en el momento más amargo: cuando liquidaban a conciencia su carrera política. Pero no es eso lo que molesta al viejo y pesado león del joven leopardo. Imaz pasó de la militancia juvenil a la presidencia del Euzkadi Buru Batzar, pero también, para asombro de alderdikides, aprendió idiomas, y alcanzó licenciaturas y doctorados. Quizás ahí sí hay algo que no le gusta a Arzalluz: entre el batzoki y ser presidente del EBB Imaz se ganó una formación que le eximía de depender para siempre del aparato de un partido, autonomía atípica en la clase política vasca, donde muchas biografías no tienen otro perfil que el de una sumisión remunerada. Y en eso Imaz compone una biografía singular: en el PNV la norma ha sido pasar de la barra del batzoki a las más altas responsabilidades, sin estaciones intermedias. Eso sí que era un mal ejemplo para la juventud de Euskadi, y un mal ejemplo que prodiga todo el espectro de nuestra partitocracia, donde se alcanzan altas cotas de poder con niveles subterráneos de formación. Una empresa de selección no sabría qué hacer con algunos currículos de nuestros líderes, como no sea utilizarlos en innobles tareas de higiene personal.
Lo que anida en las palabras de Arzalluz es la desconfianza del burócrata ante el triunfo basado en el esfuerzo, el desprecio que profesa el aparato al profesional independiente, el rencor del político que no imagina que la vida sea posible al margen del entramado partidista. Buena parte de nuestra clase dirigente no concibe sustento alguno al margen del dinero que aportan los contribuyentes. A los políticos vascos, cuando termina su fase cenital, se les busca algún apeadero, pero siempre a cargo del presupuesto público. Eso de ver a ex políticos accediendo a altas responsabilidades empresariales no debería ser un mal ejemplo, sino un ejemplo a seguir.
Si un doctor universitario que habla cinco idiomas, que se va de la jefatura de un partido con dolorosa elegancia y que luego alcanza el éxito en el mundo de la empresa le parece a Arzalluz un mal ejemplo para la juventud es que nos encontramos con un problema estético. Qué feo el paisaje moral de este paisito, qué fauna encanallada transita por sus parques, qué horror de orangutanes aullando al fondo del zoológico.
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El fin de los días
viernes, 29 de febrero de 2008
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Historias de Nueva York
viernes, 16 de noviembre de 2007
Enric González es uno de esos plumillas que los diarios desperdigan por el globo terráqueo para que de vez en cuando lancen bengalas de información sobre la realidad de ese punto concreto o sirvan como avanzadilla en el caso de que la información explote en ese lugar. Y entre momentos, suelen pintar con palabras pequeños lienzos costumbristas, semejantes a ventanas abiertas a un mundo desconocido para algunos, y nuesavs visitas para aquellos que clavaron su pica en esos lares.
Pero no es únicamente un enviado especial. Enric González en la sección de deportes, bueno, en realidad en cualquier parte del periódico de la que le permitan disponer, al igual que Diego Galán los viernes en la sección de cine, Ramón de España en la sección de televisión, Joaquín Villadeprat en la Fórmula 1, Marcos Ordóñez en el Babelia son motivos para comprar un periódico, a pesar de las pugnas electoralistas de las portadas y el horror que confluye en las 60 páginas oleosas.
Enric González es una narrador. Es ese tipo de personas que no te importa que estén horas hablando, que dotan de magia a sus palabras de tal manera que te sentarías en el suelo, como cuando eras un niño, apoyando la cabeza sobre las manos y disfrutar de las historias que conoce. Esa es la imagen de cada lunes, cuando compro el diario para leer sus Historia del Calcio, esperando ansiosamente a la hora de comer para disfrutar de esos cinco minutos de leyendas futbolísticas.
Ahora han salido publicados los artículos semanales de los tres últimos años, que gentilmente Rober me ha prestado para que disfrute de ellos. Mucho ya conocidos pero paladeados igualmente a lo largo de esta dulce semana. Ahora a esperar al lunes. Pero no hay calcio esta semana. Aunque ahora escribe en el cuadernillo Domingo. Tensa espera.
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La tregua
martes, 13 de noviembre de 2007
Primo Levi fue un judio italiano que estuvo durante diez meses en uno de los campos de Auschwitz y, por tanto, sometido al yugo fascista, concretamente nacionalsolcialista. Fruto de tal experiencia escribió una trilogía formada por los títulos Si esto es un hombre, La tregua y Los hundidos y los salvados. Ayer terminé la primera de las tres obras que componen la sinfonía que relata el terror de los campos donde se ejecutaba la "solución final". El libro es impactante, siempre y cuando no lo observes con la distancia que el tiempo nos ha alejado de aquella realidad. A medida que transcurren las palabras, las frases, los párrafos, la consciencia de la crueldad como instinto primario del individuo en su vertiente animal, la pérdida de la vida y la visión de futuro ante la ausencia de esperanza y la lucha por mantener su identidad, su condición, aquello que le permite llamarse hombre hacen imposible que no aflore la compasión. Un relato terrible, pero necesario, obligatorio para enriquecer el alma de humanismo.
Primo Levi dice en su libro: "Yo no soy fascista, creo en la razón y en la discusión como supremos instrumentos de progreso, y por ello antepongo la justicia al odio. Por esa misma razón, para escribir este libro he usado el lenguaje mesurado y sobrio del testigo, no el lamentoso lenguaje de la víctima ni el iracundo lenguaje del vengador: pensé que mi palabra resultaría más creíble cuanto más objetiva y menos apasionada fuese; sólo así el testigo en un juicio cumple su función, que es la de preparar el terreno para el juez. Los jueces sois vosotros". Es lo mínimo que nos puede pedir. Aprender, prevenir y evitar.
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Banderas de nuestros padres
jueves, 8 de marzo de 2007
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La lengua de las mariposas
domingo, 28 de mayo de 2006
Ayer fui a la Feria del Libro. Era la primera ocasión que asisto al espéctaculo librero del año, la semana del año en la que la gente busca los objetos que le permitan llenar los huecos decorativos de sus casa, los elementos que permitan nivelar su mobiliario y en ocasiones, libros. Algunos me considerarán un extremista y un intransigente. Probablemente, pero sólo un apunte: en una de las tardes en la que estaban algunos grandes autores, aquellos que convocaron el mayor número de seguidores fueron Jorge Bucay, Fernando Sierra y sobre todo, y de una manera espectacular, mi tocayo Jiménez, el presentador de Milenio 3 y Cuarto Milenio (no haré comentarios sangrantes sobre él). Ahí queda eso.
En mi caso, tuve el placer de conocer al autor de uno de mis libros favoritos, Manuel Rivas, que me dedicó un ejemplar de esa gran colección de cuentos "¿Qué me quieres, amor?". Bueno, en realidad, se lo dedicó a la santa, a la que regaló estas palabras:
"A ...,
Con migas de pan
esféricas,
pulidas con dedos de
silencio
en el mapa astral
de un mantel de hule"
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Memento
lunes, 10 de abril de 2006
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El club de los Poetas Muertos
miércoles, 25 de enero de 2006
Como decía ella,
DEDICATORIA
"La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras."
"Evohé" 1971
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Los timadores
martes, 26 de octubre de 2004
Ken Follet, David Cook, John Grisham, Tom Clancy, Noah Gordon, Anne Rice, Michael Crichton, Katherine Neville y recientemente Dan Brown, entre otros, se han manifestado como diabólicas máquinas que escupen páginas por minutos. Son los autores de los denominados libros de avión o de playa (poco imaginativa y escasamente original apelativo con el que englobo a las obras que se adquieren para consumir en vuelos y/o periodos vacacionales), obras de escasa y muy dudosa calidad literaria que son consumidas por una cantidad obscena de individuos, teniendo en cuenta la paupérrima valía de las mismas. Todos ellos grandes figuras para las editoriales, que clasifican a sus escritores en función de los ejemplares vendidos y las ediciones realizadas de cada una de sus obras, números unos en los ranking de ventas mientras que los verdaderos artesanos de la palabra son despreciados, abandonados al ostracismo y obligados a abandonar el trono de la gloria por el pozo del olvido.
Un amigo me comentó que había comenzado a leer, según él a disfrutar, el libro que ha catapultado a la fama, tanto por su efecto de dependencia sobre el lector como por la polémica suscitada en sectores religiosos y cercanos o adscritos a religión cristiana, al estadounidense Dan Brown. Comentaba mi amigo que en un día había "devorado" más de 70 páginas (término que literalmente utilizó para denominar la avidez con la que consumía las páginas), lo que supone un logro para él, dado el escaso número de horas de ocio que le conceden su trabajo y su pareja. Cuatro días más tarde anunció que había finalizado el libro y que estaba ansioso ante la inminente publicación de la siguiente obra del mismo autor, "Ángeles y demonios". Una pregunta que me realizó que amenazaba con desvelarme el final del libro me llevaron a adquirir (en el sentido material, no económico) un ejemplar. El proceso de su lectura podría resumirlo en la siguientes partes:
De la página 1 a la página 50: Escaso interés en el relato y absoluto desconcierto al comparar mi desidia con la compulsiva lectura de mi amigo.
De la página 51 a la página 120: Primeros síntomas de la animadversión que me iba a producir el libro en cuestión.
De la página 121 a la página 250: Profundo desagrado ante la escasa decencia del autor a la hora de manipular la narración y con ello, al lector.
De la página 251 a la página 400: Perplejidad ante el escaso criterio de los lectores, que han elevado a los altares ( y ningún mejor dicho, dado el tema de la obra) a semejante tomadura de pelo.
De la página 401 a la página 550: Continencia de las nauseas y el deseo de finalizar de una vez por todas y cuanto antes el libro, y poder así contestar a la pregunta de mi amigo.
550 páginas de pura manipulación donde el autor nos hace partícipe de conversaciones irreales, distorsionadas, con personajes que cuentan, no medias verdades sino historias interrumpidas, donde incluso los pensamientos de los protagonistas son artificiales, con el único fin de mantener la atención del lector, más evocando y floreciendo su personalidad chismosa o cotilla que por el interés que genera lo relatado. Seres irreales, que muestran sus personalidad sólo para apoyar la historia y no por poseer una naturaleza y características verdaderas. Un relato fantástico, incongruente, en su acepción más denigrante, que adolece de honestidad por la escasa integridad del autor para con el lector.
Tras realizar el recuento del número de horas de vida que he desperdiciado para nunca recuperar en la lectura del libro, la ira me invade al ser consciente de que Shakespeare, Nabokov, Faulkner, Dickens, Tolstoi, Twain, Dostoievski, Flaubert, Conrad acumulan polvo en las estanterías de los que hasta ahora consideraba museos de letras, mientras las excavadoras amontonan ejemplaresde este tipo de novelas, ladrillos en realidad, para elevar más todavía el muro del analfabetismo cultural. Best seller, gran término, inteligente denominación, ya que sólo ensalza el carácter mercantil de la obra. Reconozco que mi inocencia es supina al no ser consciente de la realidad viendo lo que sucede de 5 de la tarde a 1 de la madrugada en los cines de cualquier ciudad, donde Wild Wild West congrega a más personas ante su lona blanca que Mifune, pero es que siempre he tenido esperanzas en el, erróneamente denominado, ser racional. "Si lo lee tanta gente, por algo será" algunos me dirán. Es verdad. 2 millones de fumadores tampoco pueden estar equivocados.
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