Estado crítico

Inspirado por Malabarhill, ese pozo de sabiduría cinematográfica, y aprovechando además que, por fin, Cahiers ha sacado una versión para los no francófonos (ya van por el número dos y reconozco que no he leído ninguno), me apetecía escribir un post sobre los críticos de cine de hoy en día.

Nunca han tenido buena fama. Siempre se ha dicho que su gusto va en contra de la marea humana pero no se les debe negar cierto grado de discriminación positiva que ha evitado la completa vulgarización del criterio de la masa. Pero el que oficia de juez y verdugo fílmico ha entrado en un proceso endogámico, autocomplaciente, de un tufo hediondo de esnobismo, en el que aquellos que se consideran "La Verdad" han encriptado su mensaje, a través de la redundancia en el lirismo y abusando de un uso manierista de la palabra. Es decir, expresarse adoleciendo de sentido común. Los críticos han olvidado el sentido de su oficio, su razón de ser como comunicadores. No deben sentar cátedra si no transmitir al potencial espectador el contenido de la película y su valoración de la misma de acuerdo a ciertos criterios definidos de oficio y estilo, englobado en un halo, obviamente, muy subjetivo. El sentido del oficio de crítico de cine debe de ser el de educador en el séptimo arte, evitando ascender a deidad del gusto y del criterio.

A pesar de los problemas de comunicación o entendimiento que han surgido, o bien fruto de ellos, la aparente contaminación de la capacidad de discernimiento de los críticos me alarma. No se trata simplemente de gustos diferentes si no que empieza a alcanzar niveles de antagonismo. Es habitual que se discrepe sobre películas pero situarse en el polo opuesto o no alcanzar un grado de tan elevada satisfacción como el que dejan entrever en algunas de las rendijas de sus tupidas valoraciones. Prefiero pensar que su elocuencia se debe a que, entre tanta miseria cultural que encuentran semanalmente en las carteleras, ciertas películas hechas con oficio y gusto, suponen un oasis en una travesía árida y dura.

Tras la muerte de Ángel Fernández-Santos, cuyo legado a asumido su hija Elsa, aunque se prodiga poco en el medio, pocos son los críticos de primer orden de este país. El carnicero Boyero, capaz de lo mejor y lo peor; Diego Galán, que no es crítico pero ojalá que lo fuera, ya que sus panorámicas sobre el séptimo arte son caviar; Vicente Molina Foix, más escritor que crítico...

Yo presto atención a críticos de tres medios, aunque podrían acusarme de poca pluralidad, ya que todos pertenecen al Grupo Prisa: El cine de Lo que yo te diga (cada sábado en la SER), Cinemanía (mensual) y El País (cada viernes). El crítico del primer medio, que cataloga películas del 1 al 10, suele ser demasiado generoso en sus valoraciones pero como virtud hay que reconocerle que son breves, directas y siempre acompañadas de una breve sinopsis para que queden . En el caso del segundo, igualmente generosos, esencialmente con las películas que distribuye Sogepaq, se les vislumbra un quiero y no puedo a la hora de dotar de cierto grado de riqueza literaria. Todos los meses tiene una metedura de pata pero, con dichas limitaciones, suelo compartir su discernimiento entre malas y aceptables o más.

En El País, encuentro las dos caras de la misma moneda. Javier Ocaña es mi crítico de cine preferido. Ha alcanzado un equilibrio perfecto entre su estilo de expresión y la necesidad del lector de alcanzar el mensaje de su valoración. En las antípodas, se encuentra Joaquín Costa. Aparentemente culto (no tengo el placer de conocerle), sabio en las letras y el cine, ese tipo de personas que, de su autoridad a la hora de expresarse y tu desconocimiento sobre las materias de las que versa, no hacen si no hacerte sentir insignificante. No voy a entrar en si su expresión es enrevesada o dificultosa, que en multitud de ocasiones me lo parece, ya que ese apartado es relativo a la inteligencia de cada uno y los conocimientos del lenguaje del individuo. El principal defecto de este crítico es que, habitualmente para entenderle, tienes que haber visionado la materia sobre la que se desarrolla la valoración, cuando la esencia de la crítica es su "a priorismo" para determinar y separa lo bueno de lo malo, lo necesario de lo evitable.

Mañana leeré las críticas de El País, estoy a la espera de que Lo que yo te diga cuelgue el programa del pasado fin de semana y ya tengo la Cinemanía de este mes. Quizás no esté de acuerdo con lo que ponen pero igual sin ellos, vería más morralla que la habitual.

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Una verdad incómoda

Todavía no había comentado nada sobre la noticia con la que cerré la pasada semana laboral pero que me hizo apagar el PC de la oficina con una sonrisa de oreja a oreja. Acciona llevará a cabo una serie de medidas para reducir el consumo energético y la emisiones de CO2, centradas en un menor uso de los dispositivos climáticos de sus dependencias en la época estival. Para evitar lipotimias de sus empleados, la empresa ha determinado unas nuevas pautas de vestimenta esencialmente, basadas en el abandono de trajes, corbatas y prendas de manga larga, siempre y cuando las circunstancias laborales no recomienden hacer uso de este tipo de prendas.

Siendo una empresa como es, y con una elevada participación en una empresa eléctrica, es inevitable dudar del verdadero fin de la medida, asomando el ahorro de costes como el fin ulterior de la medida. Pero la noticia al menos pone de manifiesto uno de las realidades que la vida cotidiana, y esencialmente, la laboral manifiesta día a día. Si en verano, sacamos las prendas cortas, finas y que permitan reducir nuestra temperatura corporal, ¿por qué narices nos ponemos chaquetas, nos anudamos corbatas al cuello y usamos manga larga a la hora de trabajar? ¿Tan relevante es la imagen corporativa para que únicamente la "disfrute" la corporación? El hombre se distingue de los animales por su racionalidad, pero mientras éstos mudan su pelaje en el verano para aclimatarse a las altas temperaturas, el animal laboral no distingue entre épocas o estaciones del año. Borregos al cuadrado: pusilánimes y con lana.

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Yo confieso

De entre las miles de películas que tengo para ver -la más inmediata, la segunda mitad de El hombre que nunca estuvo allí de los hermanos Coen- las primeras de la lista son aquellas del maestro del suspense que nunca he visto. Este fin de semana taché una más de la lista, pero en este casi no se trataba de un individuo en el lugar equivocado, en el peor momento. Esta vez se traba de reír y es que se trataba de la película Matrimonio original, la única incursión de Hitchcock en la comedia, y la verdad, después de verla, con bastante poca fortuna. Si a eso le unimos que la protagonista es Carole Lombard, definitivamente la cosa no podía acabar bien.

En mi lista de tareas pendientes aparecen Marnie la ladrona, gran parte de la etapa británica, Yo confieso, Falso culpable, Frenesí y Topaz. Pero mientras veía los problemas maritales del señor y señora Smith, empecé a pensar en las mejores películas de Hitchcock, en los recuerdos de infancia que me devuelven su obras de arte, y me di cuenta de que la doble distinción que hago. Por un lado, las películas que desde un punto de vista más académico, formal o artístico, y aquellas con las que me sentaba en el suelo y las grababa sin anuncios, parando en los comerciales y esperando con el dedo en el botón del REC del vídeo a que volviera a empezar la película, emitidas en aquellos ciclos de La 2 a altas horas de la madrugada, como los de Chaplin o Lang. Y pensé en hacer un post de ello. Un raking, hacía ya tiempo de uno, de las mejores pelis de Hitchcock desde dos puntos de vista.

Las mejores pelis de Hitchcock, desde mi punto de vista son:

5.- La ventana indiscreta.

4.- Crimen perfecto.
3.- Psicosis.
2.- Con la muerte en los talones.
1.- Vértigo.

He puesto un orden que, probablemente, dentro de un mes, no lo mantendría.

El segundo ranking son aquellas películas que, a pesar de que ser de una calidad inferior a las anteriores, personalmente, y desde el punto de vista de un chaval de 10-12 años que era capaz de situar al mismo nivel El hombre que mató a Liberty Valance con El guerrero americano de Michael Dudikoff, disfruto en igual medida que las anteriores.

5.- Ex aequo (vale es una trampa para meter seis, pero si en Cannes lo hacen yo también, para algo es mi raking) La sombra de una duda y Family plot.

4.- Cortina rasgada.
3.- Sospecha.
2.- Extraños en un tren.
1.- La soga.

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Ascensor hacia el cadalso

El camino ha sido lento pero seguro. Paso a paso, sin desviarnos del destino marcado, y mientras otros dedican el día de hoy a recuperarse de la resaca por el campeonato o la permanencia, la Real se despide de la categoría de honor, tras cuatro años de travesía a su posición natural. Si de algo no pueden tacharnos, es de incasables y constantes.

Muchos seguidores llorarán recordando que la división de plata rompe con cuarenta años de permanencia en la élite, pero es evidente que su dolor no es más que la angustia a sabiendas que el retorno no sólo será difícil, si no prácticamente imposible. Como bien dice Miller, si en Primera, Anoeta estaba vacío, en Segundo podrían echar abajo los graderíos.

El proceso de la Real no es más que una consecuencia de la selección natural. Los menos aptos se quedan atrás y el equipo ha demostrado a lo largo de las últimas temporadas su incapacidad para seguir el ritmo de la competición. La Real ha obtenido lo que se merece, todo equipo alcanza la posición de la que le hacen merecedor sus capacidades, aptitudes, carácter, tesón, ilusión y, ante todo, juego. Por mucha tradición que recoja la historia, no hay ninguna entidad que se merezca una plaza por ser simplemente quien es. Mantener convicciones de ese tipo sólo agrava el dolor en el momento de la ejecución.

No es el momento de buscar culpables. No se quisieron señalar en el momento en el que empezaron a lastrar el equipo (el bandolero Astiazaran con sus grandes desembolsos y el cobarde Fuentes y su secuaz Bakero con sus promesas de un gestión modélica desmentidas antes incluso de iniciar la competición) y echar la vista atrás sólo servirá para hurgar en la herida. Momento de cambios profundos, empezando por la necesidad de aumentar la masa social y de la identificación del club y la ciudad.

Permitidme una frase a modo de epílogo, un aviso para los supervivientes. Si esta competición expidiera más certificados de defunción, hubiésemos visto más ataúdes este domingo. Y cuantas más veces juegues a la ruleta rusa, más posibilidades hay de perder algo más que la partida.

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El método

Varias veces, rebuscando por uno de mis inventos favoritos de los últimos años, Youtube, me he encontrado referencias una programa estadounidense llamado Inside the Actor's Studio. Para quien no lo conozca esta academia de interpretación, se trata de una escuela de interpretación para actores profesionales de Nueva York, fundada a finales de los años 40 por Elia Kazan, Cheryl Crawford y Robert Lewis, y que aplica un sistema de interpretación denominado "el método". Se trata de un enfoque en la interpretación desarrollado a partir de las ideas de Konstantin Stanislavski, y que se basa en la interiorización e identificación con el personaje a partir de la identificación de vivencias y mimetizando ambas entidades en una sola. Fue bajo la dirección de Lee Strasberg cuando alcanzó el Actor's Studio fama mundial, de cual salieron grandes intérpretes como Paul Newman, Brando, Pacino, De Niro, Dustin Hoffman e incluso Marilyn Monroe.

En realidad, no es más que una entrevista del presentador, James Lipton, a un invitado, actor o actriz, pero el estilo de entrevista es un tanto sui generis, ya que tiene incluye un cuestionario y en su tramo final, el invitado se somete a las preguntas del público, que, si no me equivoco, con estudiantes de la academia. En sí, la entrevista dura tres horas, pero se edita hasta reducirlo 45 minutos sin anuncios.

Existe una edicón de este programa en el canal de pago francés París Première. Parece normal la versión francófona, teniendo en cuenta que Lipton tomó de Bernard Pivot, periodista y presentador de programas culturales galo, el cuestionario proustiano al que somete a los actores que asisten al programa, que se compone de las siguientes preguntas:

¿Cuál es su palabra preferida?
¿Cuál es la palabra que menos le gusta?
¿Qué es lo que le emociona/enciende/anima (creativamente, espiritualmente o emocionalmente?
¿Qué es lo que le disgusta/desanima?
¿Qué sonido o ruido le encanta?
¿Qué sonido o ruido odia?
¿Cuál es su taco preferido?
¿Qué otra profesión, además de la suya, le gustaría desempeñar?
¿Qué profesión no le gustaría realizar?
Si el Cielo existe, ¿qué le gustaría oir decir a Dios cuando llegara ala Puertas del Paraíso?

Sólo he podido ver algunos de ellos, pero la verdad es que me encanta el programa. Creo que ya tengo tarea para la mula.

Os dejo un trozo de la entrevista a Kevin Spacey en la demuestra su faceta como imitador.

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La pasión turca

De despedidas seguimos por aquí. De la vergüenza, de la liga, esperemos que de entrenador, pero la más triste de todas, de un gran jugador. Erdogan, alias El Turquito o Morritos se despidió ayer del equipo y de la afición, de la peor de las maneras y en una situación funesta pero ese es ya otro tema, que daría para un post-ladrillo.

¿Qué será de nosotros si se marcha Erdogan?


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Indiana Jones y la última cruzada

A la espera de que otros blogs, de confesos culés, como el de Miller o Rober, se hagan eco de la funesta noticia, quiero dar un pequeño aperitivo y mi homenaje personal a un icono del deporte en general, y del baloncesto en particular.

Este fin de semana se ha prodigado en malas noticias, esencialmente en el mundo deportivo y siempre desde el punto de vista propio o particular. El desenlace de la liga, la derrota del Baskonia y de la Penya, la victoria de Hamilton... pero hay una noticia, más bien un rumor en ese momento, que recorría los medio digitales y foros de opinión. Dejan Bodiroga se retiraba. El último mago de la pelota naranja se despedía del parqué y colgaba las botas.

Adiós a las penetraciones imparables, a ese estilo de tiro con los brazos juntos, a la figura impertubable, esencial y perfecta hasta en los finales a cara o cruz, ese ritmo candencioso y pausado, imposible de detener, al pivotar una y otra vez hasta encontrar un resquicio en el muro y anotar dos nuevos puntos...

Dejan lo deja. ¿Y ahora qué?

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