Los timadores

Las primeras posiciones en todos los rankings (no como cierto individuo en competiciones baloncestísticas virtuales): los más vendidos, los más ricos, los más regalados, los objetos estrella de las navidades, ocupando las manos de todos los viajeros en los vagones de metro, una plaga en los escaparates, infestando las estanterías, el centro de todos los comentarios. La lamentable dinastía de los best sellers ha encontrado un nuevo candidato a la sucesión, gracias a méritos, esencialmente, por no decir, únicamente, económicos. Sí, estoy hablando de "El código Da Vinci", el libro de moda. Y es que yo también he sucumbido a las voraces fauces de la bestia y he sido devorado por cada una de las 550 páginas del nefasto engendro de Dan Brown, para llegar a una conclusión que lamentablemente hacía tiempo que había enunciado: tenemos un paladar analfabeto.



Ken Follet, David Cook, John Grisham, Tom Clancy, Noah Gordon, Anne Rice, Michael Crichton, Katherine Neville y recientemente Dan Brown, entre otros, se han manifestado como diabólicas máquinas que escupen páginas por minutos. Son los autores de los denominados libros de avión o de playa (poco imaginativa y escasamente original apelativo con el que englobo a las obras que se adquieren para consumir en vuelos y/o periodos vacacionales), obras de escasa y muy dudosa calidad literaria que son consumidas por una cantidad obscena de individuos, teniendo en cuenta la paupérrima valía de las mismas. Todos ellos grandes figuras para las editoriales, que clasifican a sus escritores en función de los ejemplares vendidos y las ediciones realizadas de cada una de sus obras, números unos en los ranking de ventas mientras que los verdaderos artesanos de la palabra son despreciados, abandonados al ostracismo y obligados a abandonar el trono de la gloria por el pozo del olvido.

Un amigo me comentó que había comenzado a leer, según él a disfrutar, el libro que ha catapultado a la fama, tanto por su efecto de dependencia sobre el lector como por la polémica suscitada en sectores religiosos y cercanos o adscritos a religión cristiana, al estadounidense Dan Brown. Comentaba mi amigo que en un día había "devorado" más de 70 páginas (término que literalmente utilizó para denominar la avidez con la que consumía las páginas), lo que supone un logro para él, dado el escaso número de horas de ocio que le conceden su trabajo y su pareja. Cuatro días más tarde anunció que había finalizado el libro y que estaba ansioso ante la inminente publicación de la siguiente obra del mismo autor, "Ángeles y demonios". Una pregunta que me realizó que amenazaba con desvelarme el final del libro me llevaron a adquirir (en el sentido material, no económico) un ejemplar. El proceso de su lectura podría resumirlo en la siguientes partes:

De la página 1 a la página 50: Escaso interés en el relato y absoluto desconcierto al comparar mi desidia con la compulsiva lectura de mi amigo.
De la página 51 a la página 120: Primeros síntomas de la animadversión que me iba a producir el libro en cuestión.
De la página 121 a la página 250: Profundo desagrado ante la escasa decencia del autor a la hora de manipular la narración y con ello, al lector.
De la página 251 a la página 400: Perplejidad ante el escaso criterio de los lectores, que han elevado a los altares ( y ningún mejor dicho, dado el tema de la obra) a semejante tomadura de pelo.
De la página 401 a la página 550: Continencia de las nauseas y el deseo de finalizar de una vez por todas y cuanto antes el libro, y poder así contestar a la pregunta de mi amigo.

550 páginas de pura manipulación donde el autor nos hace partícipe de conversaciones irreales, distorsionadas, con personajes que cuentan, no medias verdades sino historias interrumpidas, donde incluso los pensamientos de los protagonistas son artificiales, con el único fin de mantener la atención del lector, más evocando y floreciendo su personalidad chismosa o cotilla que por el interés que genera lo relatado. Seres irreales, que muestran sus personalidad sólo para apoyar la historia y no por poseer una naturaleza y características verdaderas. Un relato fantástico, incongruente, en su acepción más denigrante, que adolece de honestidad por la escasa integridad del autor para con el lector.

Tras realizar el recuento del número de horas de vida que he desperdiciado para nunca recuperar en la lectura del libro, la ira me invade al ser consciente de que Shakespeare, Nabokov, Faulkner, Dickens, Tolstoi, Twain, Dostoievski, Flaubert, Conrad acumulan polvo en las estanterías de los que hasta ahora consideraba museos de letras, mientras las excavadoras amontonan ejemplaresde este tipo de novelas, ladrillos en realidad, para elevar más todavía el muro del analfabetismo cultural. Best seller, gran término, inteligente denominación, ya que sólo ensalza el carácter mercantil de la obra. Reconozco que mi inocencia es supina al no ser consciente de la realidad viendo lo que sucede de 5 de la tarde a 1 de la madrugada en los cines de cualquier ciudad, donde Wild Wild West congrega a más personas ante su lona blanca que Mifune, pero es que siempre he tenido esperanzas en el, erróneamente denominado, ser racional. "Si lo lee tanta gente, por algo será" algunos me dirán. Es verdad. 2 millones de fumadores tampoco pueden estar equivocados.

 

9 Comments:

  1. áLEks! said...
    Sí, es cierto. Lo reconozco. Soy culpable. Yo, no he leído "El código Da Vinci". Ni pienso hacerlo.
    No puedo, por lo tanto, opinar sobre él. No sé si es un buen libro o no. Lo que pasa es que todos estos libros hiper-mediatizados provocan en mi un enorme pasotismo. No me llama en absoluto leerlos.
    Quizás se trata de grandes obras literarias y me estoy perdiendo joyas de un valor incalculable. Quién sabe.
    El caso es que no acabo de entender porque cuando algo en el ámbito cultural es publicitado hasta la saciedad (sea cine, música o literatura), hay como una avalancha de borregos que se precipitan en adquirir el producto. Habrá que hacer un estudio sóciologico sobre el tema.

    Por otra parte, celebro tu regreso al mundo de los blogs. Esperemos que no haya que esperar tanto para una tercera entrega... Obviamente, tus comentarios también serían bienvenidos en los blogs de los demás...
    áLEks! said...
    Veo que ya has conseguido poner fotos. Ahora sólo falta que sepas poner los enlaces y que actualices más a menudo... aunque algunos que no nombraré se suelen dormir a mitad de tus artículos-discursos castristas, otros esperamos con ansiedad tu nuevo arrebato sobre cualquier tema.
    áLEks! said...
    Joer... veo que mis amigos se van haciendo amigos entre ellos... ¡mola!
    Pero bueno... a lo que íba... señorita IkerPiker... ¿para cuando un nuevo artículo? Porque vale que tienes el doble de los que pondría Mikel en un blog... pero creeme... eso tampoco es para lanzar cohetes!!!!
    Osea que...o te espavilas o el consejo crítica-blogs no va a tardar en irrumpir en este...
    Anónimo said...
    En fin, es curioso que a 9000 km de distancia pierda un minuto de mi tiempo en contestarte, pero tu dedicacion al blog y tus desaforadas lineas cargadas de "populismo intelectual" creo que lo merecen. (En este jodido teclado no hay algunos caracteres como acentos, la "ñ", etc, por lo que pido anticipadas disculpas a los afanosos lectores)

    En primer lugar felicitarte, sabes juntar lineas, y no lo digo con ironia, lo indico desde el respeto que me produce una persona (de cada 20) que no piensa que la "animadversion" es un nuevo programa del Disney Channel.

    Comencemos:

    Tras unos intentos vagos por captar la atencion del lector con formulas tan manidas como graciosas ("voraces fauces de la bestia", "nefasto engendro" y mi favorita "paladar analfabeto") el Sr. Citizen Betagarri no deja titere con cabeza (Ken Follet, David Cook, John Grisham, Tom Clancy, Noah Gordon, Anne Rice, Michael Crichton, Katherine Neville y Dan Brown) en su busqueda de la pureza literaria, la cual concluye con un majestuoso giro gramatical carente, por desgracia, de identidad,que no obstante, casi me provoca un orgasmo intelectual: "mientras que los verdaderos artesanos de la palabra son despreciados, abandonados al ostracismo y obligados a abandonar el trono de la gloria por el pozo del olvido".

    Una vez, que el autor se desmarca de la masas, abrazando esa cultura anti-fashion que le caracteriza (su atemporal mochila asi lo atestigua, jeje), pasa a enumerar por centenas las paginas del libro tildandolo con calificativos como: tomadura de pelo, nauseabundo, desidioso, indecente, manipulador, etc, sin enunciar el porque de este ataque frontal.

    Por fin, tras una parafernalia inacabable, pasa a comentar el esperado porque de estas criticas airadas:

    "el autor nos hace partícipe de conversaciones irreales, distorsionadas, con personajes que cuentan, no medias verdades sino historias interrumpidas, donde incluso los pensamientos de los protagonistas son artificiales, con el único fin de mantener la atención del lector, más evocando y floreciendo su personalidad chismosa o cotilla que por el interés que genera lo relatado. Seres irreales, que muestran sus personalidad sólo para apoyar la historia y no por poseer una naturaleza y características verdaderas. Un relato fantástico, incongruente, en su acepción más denigrante, que adolece de honestidad por la escasa integridad del autor para con el lector."


    Cualquiera de los lectores del blog, caera en la cuenta de donde quiero llegar con las palabras previamente resaltadas...el error del pequeno esta en considerar esta novela como una cronica del partido de la Real, como una suma de datos historicos, como un fiel reflejo de algo, en definitiva como algo cierto, algo modelado desde la perspectiva de mostrar y no de contar. El mismo se responde cuando dice que "busca mantener la atencion del lector, evocando y floreciendo .../...". El libro solo busca eso, y a fe que lo consigue. No paro de encontrar criticas al libro en base a su estilo literario, a su falta de criterio historico, que si los del Opus no llevan habito, que si Paris no tiene tal calle, que si esa Iglesia no existe desde 1940, que si el parque no es tan grande, que si el mini corria mucho, que si es irreal...

    SI !!! El libro es irreal, a ver si nos enteramos de una vez, I-RRE-AL, es una NOVELA que no tiene una escritura agil, ni es honesta con la realidad historica, que tergiversa y cambia a su antojo datos, fechas, dialogos y lo que haga falta, porque no persigue nada de eso.

    Es un libro que define un objetivo distinto al literario, es un Wild Wild West, un Terminator de la literatura, lo que tu quieras, pero nadie en su sano juicio critica Torrente2 por su falta de sentimientos ni por lo hueco de su historia, nadie lo hizo porque hubiese sido absurdo buscar ese tipo de contenido en dicha pelicula.

    Leer este libro buscando eso es como ir a un prostibulo buscando amor, puedes hacerlo, pero no esperes encontrarlo.

    Nadie compara a Tolstoi, Twain, Dostoievski, Flaubert, Conrad con Dan Brown, quiza ellos entretuviesen y ademas lo hiciesen de un modo menos indigno, pero esa no es la cuestion.

    Cuando a Halle Berry le pagan 2 millones de $ adicionales por mostrar los pechos en "Operacion Swordfish" no buscan que la historia sea redonda, ni aportar un matiz dramatico, buscan que sea la imagen mas descargada de la pelicula por internet; por cierto tus amigos Bigas Lunas y Julio Medem tienen un master en este tipo de publicidad, solo que encubierto bajo un manto intelectualmente aceptable, pero eso es harina de otro costal.

    En definitiva si de verdad crees que Dan Brown no logro su objetivo al escribir la novela, preguntate por que tu blog comienza con ese articulo...


    Saludos desde PR
    Citizen Betagarri said...
    Debo agradecerte tu comentario por la sencilla razón que has constatado mi proposición, mil veces enunciada, recalcada en tu respuesta y que en tu boca, o más bien dicho, en tu pluma virtual, se ha confirmado: el paladar analfabeto de una gran parte de la población.

    La precaria cultura de la que han podido disfrutar las últimas generaciones, y en especial la nuestra, han convertido en la compresión de un sencillo texto en la ardua batalla del intelecto por alcanzar la idea a transmitir en el mismo. Lamentablemente, el mayor tesoro del ser racional es habitualmente derrotado debido a sus carencias culturales y, obviamente, el escaso entrenamiento que la vida cotidiana le permite.

    Echando un vistazo a los rankings de programas más visto en el principal medio de comunicación, como es la televisión, observamos la omnipresencia de programas simples, sencillos en el sentido más literal de la palabra, seriales con episodios fotocopiados, basados todavía en los chistes del caca-pedo-culo-pis, espacios en los que se ensalzan a seres despreciables, no ya por sus maneras de expresión o por el contenido de sus palabras, sino por su baja calidad humana en el trato con los congéneres.

    Exactamente, el mismo fenómeno podemos comprobar en las salas de cine o en las listas de los libros más vendidos, leídos o prestados. Subproductos prefabricados, copias unos de otros que no producen mayor actividad en la mente que el sueño en blanco. Todo ello lleva al más preocupante de las realidades que no es otra que la atrofia de las mentes, músculo como cualquier otro que también requiere de su dedicación.

    Tus palabras, con tanto cariño paternal y condescendencia dedicadas, permiten sustentar mis afirmaciones, y es que, para que puedas entender a que me refiero, mi atisbo de ensayo acerca de la novela de Dan Brown (que en realidad trataba sobre los best seller y tomaba la novela de “El código Da Vinci” como ejemplo) no trataba acerca de su veracidad histórica si no de la calidad literaria y de las artimañas que han elevado al autor al altar de los Reyes Midas de la literatura.

    Tomemos un ejemplo que ilustre mis palabras: todos sabemos que en el espacio no hay sonido pero disfrutamos por igual las películas de ciencia-ficción. Es más, si no hubiera sonido alguno, consideraríamos la película tediosa y trataríamos de descargar nuestras iras reprimidas sobre el acomodador o la taquillera. Pero no permitiríamos bajo ningún concepto que en el último segundo el director o guionista hiciera surgir en el personaje unos poderes telequinéticos que en ningún momento se pudieron vislumbrar a lo largo de la película, permitiendo así finalizar la trama, o que a lo largo de la misma, los diálogos fueran interrumpidos con la mera de intención de obligar al espectador a continuar el visionado del filme.

    Esa es la realidad del “El código Da Vinci”. No cuestiono la fiabilidad de los datos históricos de la novela, ya que entonces sería inaccesible para la práctica totalidad de público lector, aceptando incluso las licencias, no flagrantes, que el autor considere necesarias para el buen desarrollo de la historia. Así, las calles, las medidas, las personas, una obra escultórica o arquitectónica no deben ser razones para criticar una obra que en todo momento enuncia la ausencia de una completa veracidad y las más que probable inexactitud de sus referencias históricas, artísticas y geográficas.

    La obra en cuestión y cuestionada no es más que una sucesión de artimañas, de manipulaciones, de falsas verdades y mentiras a voces que tan sólo trata de embaucar al lector incitando su personalidad más chismosa, su lado de correveidile para que absorba cada una de las páginas. Pero no lo hace a través de una trama subyugante, que convertiría a la novela no en un esperpento literario si no en un conjunto de palabras, frases, párrafos y capítulos a ensalzar, si no que recuerde a la narración en suspenso, omitiendo los partes más esenciales de la narración y de mayor interés para la compresión de la obra, los hechos y las razones de los personajes, el truco más viejo y también más denigrante para un escritor. La fascinación debe surgir de los que cuenta no de los que se omite.

    No me queda más que agradecerte una vez más tus palabras, ya que han son un ejemplo más de la escasa capacidad del habitante medio, el arquetipo característico de este país, para asimilar los contenidos, de descifrar la idea esencial, de bucear hasta encontrar el sentido de las obras (como ha sido en este caso al no comprender la esencia de la crítica hacia la novela), y que se resguarda en la vacuidad de las obras transgénicas, prefabricadas, repletas de inexistencia que le permiten esconder las carencias que el tedio autoalimentado no le permite satisfacer.
    Anónimo said...
    Estimado,

    te vas al espacio exterior a buscar justificaciones:

    "Tomemos un ejemplo que ilustre mis palabras: todos sabemos que en el espacio no hay sonido pero disfrutamos por igual las películas de ciencia-ficción. Es más, si no hubiera sonido alguno, consideraríamos la película tediosa y trataríamos de descargar nuestras iras reprimidas sobre el acomodador o la taquillera. Pero no permitiríamos bajo ningún concepto que en el último segundo el director o guionista hiciera surgir en el personaje unos poderes telequinéticos que en ningún momento se pudieron vislumbrar a lo largo de la película, permitiendo así finalizar la trama, o que a lo largo de la misma, los diálogos fueran interrumpidos con la mera de intención de obligar al espectador a continuar el visionado del filme."

    De verdad, no se que pretendes con esta batallita galactica, pero el resultado es el mismo que el de los blancos en el Nou Camp (3-0 a mi favor).

    Sin referirme al sonido en el espacio, la telequinesia o las microondas siderales, solo apuntare que no se porque generalizas.

    Obviamente entre los lectores del Codigo da Vinci y entre los telespectadores de esos programas basura (que yo no veo) hay gente de todo calado, pero meterlos a todos en el saco de "habitantes medios con poca capacidad" me parece un poco excesivo por tu parte.
    Seria igual que si yo comentase que todos los seguidores de Julito Medem o Tim Burton, son gente con problemas de personalidad agudos, onanistas y perturbados varios que abrazan una cultura anti-todo buscando en sus peliculas una justificacion plausible a sus problemas mentales. Y me estaria equivocando, o no ??

    En definitiva, que me parece bien tu vehemencia al defender esos argumentos underground, pero elevar la agresividad de tu comentario no te otorga mas razon.

    A ti te gusta la chica que sale en Spiderman y a mi Charlize Theron, ...ya sabes, soy un habitante medio de poca capacidad...

    Salu2
    Citizen Betagarri said...
    Encantado de comprobar como te decantas por los comentarios extremistas, además de repetir literalmente palabras de otros para engrosar tus comentarios, empiezo a creer en al debilidad de tus argumentos. Es cierto que me he dejado embriagar por la emoción y he incluido a un conjunto demasiado amplio de personas, pero no puedo negar que considere que si la televisión , el cine, la literatura actual e incluso el arte gráfico y plástico actual está dirigido al hombre común, el informe PISA no es más que el reflejo real y , por tanto, trágico de la juventud actual, y por ende, la sociedad futura. Si series como "Los Serrano" o "Mis adorables vecinos" ocupan los primeros puestos con los mayores porcentajes de share, si puede reunir más gentre en torno al televisor un concursante de Gran Hermano que una entrevista a Albert Boadella, si acude una mayor número de gente a ver "XXX" que "In the mood of love", es que existe un problema y sinceramente espero que no sea genético.

    En absoluto quiero decir que la gente solo deba ver películas de Tarkovsky o leer la obra completa de Proust. Está claro que la mente, al igual que cuando trabaja ya sea en la juventud, estudiando, o en la madurez, aplicando los conocimientos adquiridos a la vida profesional y laboral, requiere de desacanso, de procesar información sin que requiera el mismo nivel de energía en la labor. Por ello, no están de más películas como Indiana Jones, la Guerra de las Galaxias, el mito de Bourne o libros como los escritos por Tom Sharpe, Woodhouse, Roal Dahl o, el recientemente publicado en nuestro país, y con gran éxito además, "Lo que mejor que le puede pasar a un cruasán".

    Es cierto que puede pecar de agresivo en mis comentarios, pero ese defecto no les resta razón, al menos a mi parecer. Y si no el tiempo lo dirá (trata de pensar en tres de obras de Shakespeare. Ahora haz lo mismo con Ken Follet, Michael Crichton o incluso, Dan Brown)
    áLEks! said...
    A parte de intercambiar tochos pseudo-intelectuales con el señor anónimo... ¿que te parecería escribir un nuevo artículo???
    ¡Que ya te estas convirtiendo en un Mikel cualquiera! Y ya sabes lo que eso conlleva... en pocos días hasta te gustará Dan Brown y cia.
    Por cierto, el libro se llamaba "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" (te sobra un "que"). Un libro que empieza muy bien, muy divertido pero que a mi personalmente se me termino haciendo interminable y de lo más pesado... Siendo la irreal parte final el colofón definitivo para no tener ganas de leerlo nunca más.
    áLEks! said...
    Pienso que te gustará (yo me he sentido en la gloria al leerlo). Se trata de una crítica al Código da Vinci escrita en el suplemento literario de El País (Babelia)...

    ""El Código Da Vinci" [es] el bodrio más grande que este lector ha tenido entre manos desde las novelas de quiosco de los años setenta.

    El problema de "El Código Da Vinci" no es que tienda al grado cero de escritura. Ni que sea aburrido, prolijo donde no debiera, torpe en las descripciones y en la introducción de datos sobre ese interesantísimo y originalísimo misterio en torno al Santo Grial, Leonardo y el Opus. Tampoco es un problema que repita esos datos en páginas contiguas para que hasta un hipotético "lector muy tonto" llegue a asimilarlos. Ni que escamotee ciertos fundamentos de la trama del modo más grosero hasta que resulten útiles y entonces se les haga aparecer del modo más burdo. Ni importa que las frases sean bobas, y bobas sean también las deducciones de unos de quienes se nos comunica, pero no se nos describe su inmensa inteligencia. Ni que su autor carezca de la mínima "astucia narrativa", y no lo comparo ahora con Chesterton, sino con una anciana a la que han timado en la pescadería e intenta atraer nuestra atención con cierto suspense en el relato.

    Tampoco importa que los diálogos carezcan de toda naturalidad, sino que cometan la aberrante indecencia de que ni se finjan comunicación entre personas, que se dialogue con el único objeto de que el lector sepa lo instruido que es el autor. Tampoco se puede pasar por alto que el autor no sea, al fin y al cabo, instruido.

    Se puede perdonar todo, lo que no se puede perdonar es que esta novela se promocione y no sólo por los canales publicitarios convencionales, como un producto de cierto valor. Para entendernos, Dan Brown y su código tienen que ver con la novela popular lo que Ed Wood con el cine.

    Es completamente legítimo, aunque no siempre se idóneo, que una editorial se preocupe por la comercialidad de sus productos y todos nos alegramos de su éxito, pero no se puede insultar a una tradición de grandes artistas y de artesanos competentes con algo tan miserable.

    Y no puedo dejar de felicitar a las editoriales de todo el mundo que en su día rechazaron la publicación de esta infamia y ahora no se arrepienten. Es la demostración de un resto de dignidad, no sólo en el mundo editorial, sino en el sistema mercantil."

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