¿Quién puede matar a un niño?

Una muestra más de la disyuntiva sobre si el fin justifica los medios es lo que han provocado las fotos realizadas por la artista Jill Greenberg. Con la motivación de plasmar una metáfora del duelo en el que el mundo se halla sumido por la política de la Administración de Bush y el poder de los sectores religiosos de derechas en EE.UU. Y cuál es la manera que se la ocurrido de reflejarlo. Pues a través de fotos de niños de 2 y 3 años justo en el momento después de quitarles un caramelo con el que previamente les había obsequiado. ¿Cruel? ¿Genial? Las respuestas han ido en todas las direcciones. Los hay que han calificado a la afamada fotógrafa (es una de las fotógrafas comerciales de más éxito en EE.UU., y portada de revistas como Wired o Time) de "enferma que debería ser arrestada por abuso infantil", otros simplementen han descalificado los retoques digitales realizados y los hay que han ensalzado la obra transgresora. Los padres de los niños le defienden, argumentando que la actuación de sus hijos no es más que el día de día en sus hogares. Algunos colegas menosprecian la calidad de la obra y, evitando el dilema moral, destacan que los sentimientos, las emociones reflejadas, no son reales, si no provocadas. Y mientras, la obra ya la ha visto media humanidad.

¿Es deleznable, desde el punto de vista ético, la obra de Greenberg? ¿La memoria frágil de los niños minora la crueldad del acto? ¿El sufrimiento de los infantes es relativo y, desde luego, menor a la calidad de la obra? La palabra es suya. Pasen y vean.

 

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