Manderlay
viernes, 19 de diciembre de 2008
Con un poco de retraso si bien es cierto no quiero perder la oportunidad de felicitar a todos los contribuyentes a la Seguridad Social por su labor desempeñada por cuenta ajena. La Comisión Europea rechazó el pasado viernes la implantación de una jornada laboral de 65 horas laborales. Podemos respirar tranquilos mientras observamos con deleite disiparse los grilletes del nuevo esclavismo. Disfrutemos de las 48 horas semanales actuales, de los ERE, del trabajo precario y los contratos basura. Quizás por eso, defraudados los empleadores por no poder desempolvar el látigo, algunos conocidos han visto reconocido su esfuerzo añadido, o lo que es lo mismo, una ingente cantidad de horas extraordinarias continuas, enjuagadas en una ambiente de volcánica tensión, con algo más que una insultante y arbitraria limosna. Por si algún cacique no se ha enterado, el trabajo, o lo que es lo mismo, la aplicación del tiempo personal en una dedicación ajena a los intereses propios se realiza en contraprestación de activos fungibles.
Etiquetas: Sociedad
Tootsie
lunes, 15 de diciembre de 2008
He devorado la primera temporada de 30 rock (Rockefeller center, en castellano) y a pesar de que no me ha parecido tan buena como comentan los críticos (el rollo Scrubs no llega a funcionar del todo), esta menuda actriz y guionista brilla de manera especial, por encima de elenco restante (sólo le hace sombra en ocasiones un revitalizado, e hiperhinchado, Alec Baldwin). Aire fresco en el tubo catódico (para algunas ya gases nobles y pantalla líquida), una nueva reina de la comedia, original, fresca, vitalista, con ese punto de perdedora, es decir, de tipa normal, que tanto le gusta al espectador. ¡Dios salve a la Reina!
Etiquetas: TV
Footloose
¿Un mormón en Las Vegas? No parace que pinte mucho, la verdad. Pero si es para sacar un disco como Day & Age, seguro que John Smith se lo perdona. Como si hace un musical del Libro del Mormón. Oficialmente me declaro fan de The Killers. El tercer disco ha reafirmado mis creencias y me ha hecho perder la vergüenza ante toda esa banda de puristas que me acusarán de comercial y resaltarán mi adoración ante un producto prediseñado. Spaceman o I can't stay, nuevos himnos que añadir a When you were young, Somebody told me o All these things that I've done. Es el momento de creer, hermanos.
Etiquetas: Cultura
Batalla en Seattle
jueves, 11 de diciembre de 2008
¿Qué es la globalización? No es como piensan los entendidos el proceso de integración de las economías nacionales en una única economía mundial. Globalización es que haya revueltas sociales por la muerte de un joven en Grecia y que se repartan hostias hasta en España. ¿O eso es en realidad la libre circulación?
Etiquetas: Sociedad
28 días después
martes, 9 de diciembre de 2008
Teniendo en cuenta mi extensa ausencia por estos lares durante los últimos meses, podría parecer aprovechado tirar de la sección fija mensual, pero dado que aunque igualmente se podría utilizar para descalificar mi actitud, hago dos meses en uno y me curo en salud.
Meses de octubre y noviembre. Libros cero, así que la apuesta no es que peligre, si no que se pagan 1000:1 (2000:1 si tenemos en cuenta que los libros que estoy leyendo son de la biblioteca municipal y no de la estantería que tengo que vaciar).
En el sector audiovisual ha ido algo mejor:
En compañía de hombres: debut de Neil LaBute, con una disección del macho alfa, de la insensibilidad y la crudeza, del odio intrínseco del ser humano y del varón en concreto. Interesante, en ocasiones demasiado declamatoria, de fuerte carácter teatral. Aaron Eckhart ayuda a consolidar la película. Un meritorio seis para la opera prima.
Corredor de fondo: En contra, la dirige el Ross de Friends, es un comance (término para las comedias románticas, comedy+romance, que emplean en EEUU) y que la historia es una insensatez. A favor: el impresionante Simon Pegg y The Fratellis de fondo durante treinta segundo. Resultado: Uno.
El mercader de Venecia: creo que tardé menos en leerme la obra que en ver la película. Creo que con eso sólo es necesario el valor inferior a cinco que le doy, que es un tres.
Interview: Ver post. Un tres.
Una historia de Brooklyn: No confundir con la película de De Niro. Esta es mejor. Mientras que la homónima, al menos en castellano, me parecía Uno de los nuestros repasado con papel cebolla, la reciente película muestra el proceso de despiece de una familia disfuncional que se desmorona lentamente. La absoluta crudeza con la que trata a todos los personajes, esencialmente a los masculinos, genera un desasosiego en el espectador que, a pesar de sus defectos, obliga a apiadarse de los seres protagonistas. Un siete.
Rebobine, por favor: decepcionante es la palabra que me viene a la cabeza. Si Michael Gondry no se hubiera sentado tras la cámara y sin la historia lacrimógena que sirve de línea argumental, no tendría mucha mayor diferencia respecto a las películas que menospreciamos cada viernes en la cartelera. Es el toque Gondry, no obstante, lo que le otorga el aprobado.
El señor de la guerra: Ver post. Un cinco.
Escuela de rock: No sé que les pasa a los críticos últimamente pero pensar en las alabanzas que he tenido que leer sobre esta película... Lo que hay que hacer para comer, ¿eh Linklater? Un tres, que la canción me moló.
El fin de la inocencia: película sobre el paso de la niñez a la adolescencia o madurez. Tema tópico pero tratado con mucho estilo y sin tropezar en historias-tipo, completamente banalizadas por su repetido uso. Un seis, pero con efusivas recomendaciones de ser vista.
En el valle de Elah: cuando la vi, me pareció un siete pero reconozco que cada vez que pienso en ella, recuerdo más sus defectos que sus virtudes. En ocasiones se observa el cartón de la historia, la guía diseñada que la hace algo artificial. No obstante, hay que reconocer la calidad de Haggis. Mantengo mi nota pero puede ser objeto de revisión en cualquier momento.
Quantum of solace: en mayor medida que sun inmediata predecesora, esta peli no es una de Bond al uso. Por eso me ha molado, obviamente en su justa medida. Entretenida, con escenas trepidantes, y en cierto grado creíbles (menos la del avión) Bond sangra, se hiere, sufre, y solo le falta jurar y soltar exabruptos. Dicen que es un estilo Bourne. Para mí eso significa que ha mejorado. En la parte final se desploma. Un cinco pero está bien para una tarde de domingo palomitera.
El último rey de Escocia: si alguien se cree que es la historia de Idi Amin, tirano, sátrapa y dictador de Uganda, está muy equivocado, porque lo que realmente cuenta es la historia de un personaje ficticio, un médico blanco que busca su sino en este país africano. Ese es el principal error de la película. No focaliza bien la atención de la película, que debería estar centrada en el personaje encarnado por Forest Whitaker. Un cinco, por la narración (escasa, insulsa, superficial, llena de tópicos) sobre este despreciable individuo.
Orgullo y prejuicio: el telefilme del sábado al mediodía pero con estilo y retórica. Muy similar a Mujercitas. Un seis porque en ningún momento pierdes el interés, está narrada con gusto y oficio y Keira Knightley está estupenda.
10º - Atrapado por su pasado (7)
Meses de octubre y noviembre. Libros cero, así que la apuesta no es que peligre, si no que se pagan 1000:1 (2000:1 si tenemos en cuenta que los libros que estoy leyendo son de la biblioteca municipal y no de la estantería que tengo que vaciar).
En el sector audiovisual ha ido algo mejor:
En compañía de hombres: debut de Neil LaBute, con una disección del macho alfa, de la insensibilidad y la crudeza, del odio intrínseco del ser humano y del varón en concreto. Interesante, en ocasiones demasiado declamatoria, de fuerte carácter teatral. Aaron Eckhart ayuda a consolidar la película. Un meritorio seis para la opera prima.
Corredor de fondo: En contra, la dirige el Ross de Friends, es un comance (término para las comedias románticas, comedy+romance, que emplean en EEUU) y que la historia es una insensatez. A favor: el impresionante Simon Pegg y The Fratellis de fondo durante treinta segundo. Resultado: Uno.
El mercader de Venecia: creo que tardé menos en leerme la obra que en ver la película. Creo que con eso sólo es necesario el valor inferior a cinco que le doy, que es un tres.
Interview: Ver post. Un tres.
Una historia de Brooklyn: No confundir con la película de De Niro. Esta es mejor. Mientras que la homónima, al menos en castellano, me parecía Uno de los nuestros repasado con papel cebolla, la reciente película muestra el proceso de despiece de una familia disfuncional que se desmorona lentamente. La absoluta crudeza con la que trata a todos los personajes, esencialmente a los masculinos, genera un desasosiego en el espectador que, a pesar de sus defectos, obliga a apiadarse de los seres protagonistas. Un siete.
Rebobine, por favor: decepcionante es la palabra que me viene a la cabeza. Si Michael Gondry no se hubiera sentado tras la cámara y sin la historia lacrimógena que sirve de línea argumental, no tendría mucha mayor diferencia respecto a las películas que menospreciamos cada viernes en la cartelera. Es el toque Gondry, no obstante, lo que le otorga el aprobado.
El señor de la guerra: Ver post. Un cinco.
Escuela de rock: No sé que les pasa a los críticos últimamente pero pensar en las alabanzas que he tenido que leer sobre esta película... Lo que hay que hacer para comer, ¿eh Linklater? Un tres, que la canción me moló.
El fin de la inocencia: película sobre el paso de la niñez a la adolescencia o madurez. Tema tópico pero tratado con mucho estilo y sin tropezar en historias-tipo, completamente banalizadas por su repetido uso. Un seis, pero con efusivas recomendaciones de ser vista.
En el valle de Elah: cuando la vi, me pareció un siete pero reconozco que cada vez que pienso en ella, recuerdo más sus defectos que sus virtudes. En ocasiones se observa el cartón de la historia, la guía diseñada que la hace algo artificial. No obstante, hay que reconocer la calidad de Haggis. Mantengo mi nota pero puede ser objeto de revisión en cualquier momento.
Quantum of solace: en mayor medida que sun inmediata predecesora, esta peli no es una de Bond al uso. Por eso me ha molado, obviamente en su justa medida. Entretenida, con escenas trepidantes, y en cierto grado creíbles (menos la del avión) Bond sangra, se hiere, sufre, y solo le falta jurar y soltar exabruptos. Dicen que es un estilo Bourne. Para mí eso significa que ha mejorado. En la parte final se desploma. Un cinco pero está bien para una tarde de domingo palomitera.
El último rey de Escocia: si alguien se cree que es la historia de Idi Amin, tirano, sátrapa y dictador de Uganda, está muy equivocado, porque lo que realmente cuenta es la historia de un personaje ficticio, un médico blanco que busca su sino en este país africano. Ese es el principal error de la película. No focaliza bien la atención de la película, que debería estar centrada en el personaje encarnado por Forest Whitaker. Un cinco, por la narración (escasa, insulsa, superficial, llena de tópicos) sobre este despreciable individuo.
Orgullo y prejuicio: el telefilme del sábado al mediodía pero con estilo y retórica. Muy similar a Mujercitas. Un seis porque en ningún momento pierdes el interés, está narrada con gusto y oficio y Keira Knightley está estupenda.
10º - Atrapado por su pasado (7)
9º - En el valle de Elah (7)
8º - La boda de Tuya (7)
8º - La boda de Tuya (7)
7º - Una historia de Brooklyn (7)
6º - Antes de que el diablo sepa que has muerto (8)
6º - Antes de que el diablo sepa que has muerto (8)
5º - United 93 (8)
4º - Las tortugas también vuelan (8)
3º - Zodiac (8)
2º - Sympathy for Mr. Vengeance (8)
1º - La jauría humana (9)
Etiquetas: Cultura
Las razones de mis amigos
sábado, 15 de noviembre de 2008
Los seres humanos tendemos a considerar magnánima nuestra apreciación particular. Los libros que leemos siempre son mejores que los que disfrutan los demás, la música de nuestros reproductores debería ser guía para los demás, y por supuesto, las películas que nos han conmovido, que han supuesto una catarsis en nuestro interior, son insistentemente recomendadas a compañeros y amigos. A raíz de este motivo nace este post, como crítica de dos recomendaciones realizadas, Interview y El señor de la guerra.
La primera es el remake de la película rodada por el malogrado cineasta Theo van Gogh, que realizó hace un año Steve Buscemi, protagonizándola igualmente junto con la compañía de Sienna Miller. Se trata de una conversación de noventa minutos entre un periodista político venido a menos una incipiente estrella juvenil del celuloide. El señor de la guerra, por otro lado, no es más que la disección de una traficante de armas protagonizado por Nicolas Cage.
Dos personajes, un ambiente reducido, claro ambiente teatral donde el continente no es relevante si no el duelo dramático entre dos personalidades encontradas, en ocasiones superpuestas, una pugna dialéctica, en la que el orgullo humano obliga, requiere de una victoria. Su punto más álgido lo alcanzaron Laurence Olivier y Michael Caine, con aquel combate dramático, de ingenio, engaños y trampas llamado La huella. Hitchock también nos deslumbró con La soga, tres personajes vivos en pugna constante por no descubrir al cuarto, en estado cadáver, en discordia. Lamentablemente, ni Theo van Gogh ni Buscemi se asemejan a Mankiewicz o al orondo inglés y la película resulta un ejercicio fallido sobre la moral, la integridad y aquellas miserias ocultas, los fantasmas del armario.
La película promete en sus inicios, con una presentación dinámica en la que tanto la presencia como los diálogos de los dos únicos protagonistas dibujan ambas personalidades. Asimismo, se vislumbran los motivos del enfrenamiento que debería sostener la película. A partir de ese momento, la historia, transcurridos cinco minutos en el piso de la actriz, cuando los cimientos de la historia se muestran más endebles, descubriendo la vacuidad del argumento y las costuras del camino, de la historia que desea contar el director. A diferencia de La huella, la historia no discurre, los diálogos no fluyen de una manera original, si no que se muestran como piezas de un rompecabezas, de un diseño predeterminado con un objetivo concreto. Y es por ello que la película va perdiendo sentido. Se atisba el desenlace mientras la historia pierde su valor y su sentido.
La primera es el remake de la película rodada por el malogrado cineasta Theo van Gogh, que realizó hace un año Steve Buscemi, protagonizándola igualmente junto con la compañía de Sienna Miller. Se trata de una conversación de noventa minutos entre un periodista político venido a menos una incipiente estrella juvenil del celuloide. El señor de la guerra, por otro lado, no es más que la disección de una traficante de armas protagonizado por Nicolas Cage.
Dos personajes, un ambiente reducido, claro ambiente teatral donde el continente no es relevante si no el duelo dramático entre dos personalidades encontradas, en ocasiones superpuestas, una pugna dialéctica, en la que el orgullo humano obliga, requiere de una victoria. Su punto más álgido lo alcanzaron Laurence Olivier y Michael Caine, con aquel combate dramático, de ingenio, engaños y trampas llamado La huella. Hitchock también nos deslumbró con La soga, tres personajes vivos en pugna constante por no descubrir al cuarto, en estado cadáver, en discordia. Lamentablemente, ni Theo van Gogh ni Buscemi se asemejan a Mankiewicz o al orondo inglés y la película resulta un ejercicio fallido sobre la moral, la integridad y aquellas miserias ocultas, los fantasmas del armario.
La película promete en sus inicios, con una presentación dinámica en la que tanto la presencia como los diálogos de los dos únicos protagonistas dibujan ambas personalidades. Asimismo, se vislumbran los motivos del enfrenamiento que debería sostener la película. A partir de ese momento, la historia, transcurridos cinco minutos en el piso de la actriz, cuando los cimientos de la historia se muestran más endebles, descubriendo la vacuidad del argumento y las costuras del camino, de la historia que desea contar el director. A diferencia de La huella, la historia no discurre, los diálogos no fluyen de una manera original, si no que se muestran como piezas de un rompecabezas, de un diseño predeterminado con un objetivo concreto. Y es por ello que la película va perdiendo sentido. Se atisba el desenlace mientras la historia pierde su valor y su sentido.
En el caso de la segunda recomendación, la vivisección del, teóricamente despreciable pero artificiosamente subyugador, traficante de armas tropieza en el mismo sentido. Con una constante voz en off, adecuada en su definición o idea pero vacua de contenido y sintético mensaje, a la presentación del personaje resulta interesante. Centrada en su execrable profesión de mercader de violencia, apela al insano interés por los intrincados caminos del tráfico ilegal, de la picaresca y el engaño, de la estafa y la negociación ilegal. Es el plano humano en el que en todo momento resulta artificial, vacío, con el único objeto de humanizar al personaje. Su encanto de bon vivant, de seductor, de zorro, su desprecio de la autoridad, y la existencia de una ser humano en el dorso de la moneda son los medios para lograr la identificación con el personaje.
No es más que el tipo de personaje de Cage el que sostiene la historia, la intrahistoria de una traficante, no la de ese traficante. Por ello, en el momento de personalizar la trama, ésta se derrumba, buscando un desenlace, un salvavidas que consiste en precipitarse por el camino de medio, el conocido y esperado.
No es más que el tipo de personaje de Cage el que sostiene la historia, la intrahistoria de una traficante, no la de ese traficante. Por ello, en el momento de personalizar la trama, ésta se derrumba, buscando un desenlace, un salvavidas que consiste en precipitarse por el camino de medio, el conocido y esperado.
Etiquetas: Cine
El árbol, el alcalde y la mediateca
lunes, 10 de noviembre de 2008
Dedicado a todos aquellos que me señalan por no ejercer mi derecho al voto, una imagen vale más que mil palabras.
Etiquetas: Política
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